Mi madre es uno de los seres más políticos que conozco. En su juventud, acompañó candidaturas, siempre del Partido Liberal. Ahora, sigue la cosa política por los medios, al punto que siempre he creído que ella debió ser la primera periodista de la familia y no yo. Igual cosa mis hermanos. Siempre hubo un diálogo sobre el tema.
La política ha estado presente en mi desde que recuerdo. Habré de contarle a mis hijos la vez que me postulé a Personero del colegio donde estudiaba y que perdí la elección por el pírrico margen de ¡tres votos! De ese modo entendí que mi relación con la política debía hacerla desde su entendimiento pero no desde el proselitismo. Quizás, entonces, decidí ser periodista para no tener disfraz de candidato.
Por eso entiendo a quienes pretenden votar en blanco. Les molesta el performance las figuras que se lanzan por un cargo público. Verdaderos lobos con piel de oveja, que una vez investidos con la dignidad para la que se postularon, someten a sus electores al rigor del mal gobierno y al vaivén de sus mezquinos intereses. Hombres y mujeres poco transparentes que al final del día terminan por sacar las garras y todo queda en la promesa de algo mejor.
