- ¿Cuántos de ustedes nacieron en los Estados Unidos?
La pregunta la hizo la profesora de filosofía política en la secundaria Rio Americano de Sacramento, California, ante un auditorio con al menos 50 estudiantes. Karina, una joven de ascendencia mexicana, alzó la mano.
- ¿Y cuántos de sus padres nacieron en un país diferente a los Estados Unidos?
La respuesta tuvo más manos arriba. Casi la mitad del salón.
- ¿Y qué me dicen de sus abuelos? ¿Cuántos de ellos nacieron fuera de este país? - apuntó la maestra, blanca de ojos azules y aspecto germánico.
El 90 por ciento de los adolescentes se adhirió a la respuesta afirmativa. Esta encuesta sencilla pero demoledora me ratificó una vez más que Estados Unidos es un país construido por inmigrantes, pero todavía hay quienes prefieren la memoria selectiva. La Unión Americana a lo largo de su historia ha recibido a británicos, africanos, irlandeses, escoceses, alemanes, eslavos, italianos, asiáticos, árabes y latinos. Un reflejo del mundo.
Escribo este post luego de 21 días de viaje por cuatro ciudades estadounidenses -Washington, Pittsburgh, Nueva Orleans y Sacramento-, en los que tuve la oportunidad de conocer experiencias sobre la gestión de gobierno en materia de transparencia y rendición de cuentas. Los documentos oficiales dicen que esos fueron los temas, pero para mi hubo más: fue una exploración por la realidad de este país que tantos amores y odios ha generado a lo largo de la historia.
