Hermano venezolano:
Y sí, te digo hermano, porque nuestros destinos jamás estarán separados. Las veces que he estado en tu tierra me he sentido en casa y a tí cuando te he recibido aquí, también sienten el mismo calor de hogar. Claro, ya sé que me dirás que tienes las playas más lindas del mundo, o que no hay nada mejor que ver el Ávila al amanecer, o que el Salto del Ángel es el mismo cielo en la tierra. Todo muy cierto, pero toda esa belleza se ha manchado de sangre y dolor.
No importa si eres rojo, azul o amarillo. Te hablo a ti, hermano venezolano, quien sea a quien llegue esta carta. Porque en este momento todos, sin importar colores o clases sociales, buscan como pueden lo que necesitan para vivir, para comer o para curarse la más simple enfermedad. Todos han sufrido el momento actual. Tanto los que están dentro del país como los que decidieron irse de Venezuela a buscarse una mejor vida. Los que han sufrido ese exilio forzoso también lo recienten a la distancia. Los he visto y también los he consolado.
Por eso entiendo tu dolor y mi corazón hoy es vinotinto, como los colores de tus equipos deportivos. Si has venido a Colombia y te has sentido rechazado por mi o por mis compatriotas, te pido perdón por mí y por todos ellos. Quizás no estábamos listos para tu repentina llegada y también tenemos nuestros problemas, aún sin resolver. Pero tú hermano y los tuyos vinieron a sumar, a crear, a ser talento, a dar empleo, a trabajar y han llegado a amar este país como si fuera suyo.
