
Muchos no creen que soy taurino. Me dicen: "¿Quién podría creer que tras esas gafitas y esa cara de seminarista haya un hombre cruel y despiadado que pueda amar tal cosa tan horrible como la fiesta brava?" Pues creánlo: Me gustan los toros y soy taurino. Eso no me hace ni mejor ni peor persona.